¿Disfrutamos realmente de las cosas?

Una amiga me comentaba que había conocido a un chico y que había surgido la chispa rápidamente entre ellos. Después de pasar un intenso fin de semana juntos, en su cara se veía una mezcla entre emoción y miedo. Me decía que todo había ido bien pero estaba preocupada ¿y si van demasiado rápido?¿y si él no está muy equilibrado emocionalmente?¿Y si aun tiene él cosas por resolver con su ex pareja?…la lista continuaba en un sin fin de escenarios catastróficos…

Yo la paré y le dije “¿Y por qué simplemente no lo disfrutas?” Ella tenía miedo de engancharse si lo disfrutaba “demasiado”, por lo tanto lo rechazaba del todo…

Esto es como si yo tengo mucha sed y cuando alguien me ofrece un vaso de agua, yo lo rechazo por miedo a querer más…esto es no confiar en lo que en Gestalt se llama “la autoregulación del organismo” o sea que si yo tengo sed y bebo agua con conciencia y la disfruto, debo confiar en que me saciaré la sed y podré parar. Cuando no me voy a saciar es si tengo el vaso de agua y no me lo bebo para no engancharme…paradójicamente entonces es cuando seguro que me engancho porque cada vez tendré más sed y cada vez lo desearé más porque mi necesidad nunca está satisfecha…

Lo que le pasaba a mi amiga es algo muy común, confundimos el disfrute con el enganche. Precisamente cuando no nos permitimos disfrutar de algo agradable que nos está pasando por nuestros miedos y preocupaciones, es cuando nos enganchamos, mientras que si disfrutamos algo a fondo, nos estamos dando la oportunidad de cerrar ese ciclo y soltarlo.

¡Qué curiosos somos los seres humanos!, nos pasamos la vida deseando cosas y cuando las conseguimos, nos asaltan los miedos (a perderlas, a que salga mal…) y ya estamos anticipando un futuro catastrófico, hasta que nos marcamos el próximo objetivo y vuelta a empezar…y así se nos pasa la vida…y yo me pregunto ¿y cuando disfrutamos de las cosas?

Al darnos cuenta de que hay emoción y entusiasmo en nuestro corazón pero que nuestra cabeza no nos deja disfrutarlos, podemos ver todo el estrés y malestar que esto nos produce y aun por poco tiempo conseguir que nuestra cabeza esté alineada con nuestro corazón, o sea que nuestra cabeza puede parar el tiempo suficiente (sin que pase una catástrofe) para poder permitirnos sentir esa sensación placentera y disfrutarla y al menos durante un rato conseguir estar en paz con nosotros mismos o más bien conseguir dejarnos en paz.

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